Ya en el lejano 1950 se piensa en crear un área de descanso que reúna a los numerosos viajeros del Grande Raccordo Anulare de Roma, importante obra viaria, equidistante del centro, de circulación rápida y conectada con todas las principales vías consulares.
Artífices de una intuición tan innovadora son Nazzareno Spaziani y su joven esposa Vori Maria, mujer tenaz y valiente, empresarios con visión de futuro que se dedican también a la construcción del edificio del que la familia sigue siendo propietaria en la actualidad.
La respuesta es inmediata: el número de clientes aumenta con el paso de los años, por lo que se decide ampliar el edificio para ofrecer a los huéspedes no solo comidas calientes y bebidas frescas, sino también servicio de alojamiento; el primero de la zona.
El joven hijo Giancarlo conjuga la histórica visión de sus padres con la atención tanto al progreso tecnológico como al estilo de vida, lo que conduce a una nueva evolución.
Se renuevan los interiores del edificio para proponer a la clientela servicios innovadores y a la altura de los tiempos, y ofrecer un confort cada vez mayor.
